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El día que se dijo NO

¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?

 

Como un hecho inédito, por las condiciones en que se presentó, y luego de cuatro años de negociación entre el grupo de guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el gobierno colombiano del presidente Juan Manuel Santos, se logró firmar el “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” el cual no solo se le presentó a los colombianos sino también a la comunidad internacional quien, desde sus distintos espacios y escenarios, ofreció todo su apoyo: Organización de Naciones Unidas, Unión Europea, e incluso, el Vaticano.

El momento llegó, la fiesta se sentía en las calles de aquel 2 de octubre cuando se llevó a cabo el plebiscito como acto para la refrendación de este acuerdo y como parte de la promesa democrática para que no fuera una imposición que haría el gobierno al pueblo colombiano. La pregunta en el tarjetón que se entregó a los votantes era: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”.

 

 

Luego de la larga jornada de aquel domingo, el resultado fue increíble para un país que había vivido 52 años ininterrumpidos en conflicto armado: el plebiscito lo ganó el “No” a la paz, que es un No al acuerdo firmado con las Farc-ep por una mínima ventaja sobre el SI. El país quedó polarizado de este modo: 6.419.759 (50,23%) ciudadanos rechazaron en las urnas lo pactado con la guerrilla, frente a los 6.359.643 (49,76%) que dijeron “Sí”. Con este resultado la fiesta por la paz se tiñó de gris. Una lluvia intensa al modo de tormenta invadió toda Colombia. Tormenta que se vivió también en los corazones de quienes votamos SÍ. La noche quedó en silencio. Muchos se movilizaron a las redes sociales a expresar su dolor de patria, su angustia, su rabia, su impotencia y su indignación. El mundo entero no lo podía creer y tampoco entender. Los medios globales anunciaron “Colombia dijo NO a la paz”. 

La pulsión de muerte y terror volvió a recorrer el espíritu del territorio que se creía pacificado y que, liberada, se impuso como una emoción que flotó sobre los efectos salvajes del odio.

¿A caso este resultado fue sorpresivo? ¿Qué se puede esperar de una población enferma de odio, entretenida con fútbol e ignorante en cuanto a cultura política? Una población manipulable que es, ingenuamente, leal a los valores que imponen los medios de comunicación y algunas élites de poder que producen la guerra a través de dispositivos culturales sutiles como la radio y la televisión. Uno de los momentos de mayor expresión de “estupidez colectiva” que contarán los jóvenes de las generaciones futuras cuando traten de entender este momento en la trayectoria histórica de este país. Un caricaturista reconocido en Colombia dibujó el símbolo de la paz, la paloma blanca, crucificada con una frase bíblica: “Padre, perdónales porque no saben lo que hace”.

Sin duda alguna, se dejó ver la “embriaguez social y colectiva” producida por el constante “cóctel” que los colombianos ingerimos diariamente y que combina: una baja institucionalidad, altos niveles de corrupción, ignorancia en cultura política de una alta proporción importante de los ciudadanos que sabe más de fútbol que de historia y, que además, desayuna, almuerza y cena viendo aquellos noticieros que son los dispositivos por excelencia de la manipulación y el control del imaginario social y colectivo. Medios de comunicación que alcanzan importantes ingresos reproduciendo la violencia física y simbólica con novelas de narcotráfico, violencia y dolor. Apología a los males globales de la sociedad y poco sobre educación, la convivencia y el amor.

Al parecer, una muy buena parte de los colombianos no tenía ni idea de lo que significaba vivir el conflicto armado pues lo habían visto a través de sus pantallas y en sus hogares urbanos, mientras que aquellos que vivieron en carne propia la visita de la muerte, el sonido de los fusiles y las metrallas y que además en algún momento tuvieron que salir corriendo de sus campo y lugares de vida como aldeas y pueblos, exigieron de inmediato la Paz. Con los resultados del plebiscito, las víctimas fueron revictimizadas.

Interesante el que en aquellos municipios más golpeados por la violencia el pueblo salió a las urnas a votar por el SI de la aprobación de los acuerdos. En lugares como Bojayá (Chocó), que fue afectado ferozmente por la confrontación de los grupos armados, por ejemplo, la gente perdonó a las Farc-ep y votaron SI con el 95%, mientras que en ciudades capitales como Medellín un 63% dijo NO. Unas votaciones donde la abstención llegó a un 62%. La ceguera se impuso sobre las mentes ingenuas mientras que la lucidez del pueblo colombiano se escondió.

A partir de este momento y ante estos resultados, volvió a la mente de muchos colombianos lo aprendido cuando en los libros se nos hablaba de la “Patria Boba”. Las clásicas frases de Simón Bolívar se hicieron notar nuevamente en las redes virtuales: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. El país entró en una situación de incertidumbre. El gobierno de inmediato llamó a la calma social y a llevar a cabo un gran acuerdo nacional invitando a todos los partidos políticos a buscar la ruta más apropiada para afrontar esta difícil situación. Los impulsores del NO, como acto de victoria, se dejaron ver en todos los noticieros felices y triunfantes. Los partidos políticos en silencio total. Las Farc-Ep desde Cuba, lugar que los había acogido durante el proceso de negociación dijeron que se mantendrían firmes en la búsqueda de la Paz.

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Ahora el escenario colombiano es para tomarlo con pinzas y esperar la estrategia política del presidente Santos, que seguramente, impaciente, preocupado, tendrá que tener el control y la serenidad para sacar este proceso adelante. Los estudiantes de las universidades empezaron a hacerse sentir en las calles, movilizándose y pronunciando la palabra “Paz”, haciendo marchas de antorchas y jornadas de caminatas por las principales ciudades. El país macondiano se dejó ver como lo que es, y como García Márquez ya lo había descrito en su famosa obra.

Movilización Universitaria: PazAlaCalle

El caso colombiano es un reto inmenso para cualquier pensador e intelectual en el mundo que trate de comprender una sociedad como esta. Y para los pensadores colombianos, este país implica un reto doblemente inmenso, pues tenemos que hacer el esfuerzo para comprendernos, para extraernos de nosotros mismos y poder ver la verdadera cara del pueblo al que pertenecemos.

 

Hernando Uribe Castro
Departamento de Ciencias Ambientales
Magíster en Sociología, Candidato a Doctor en Ciencias Ambientales
http://hernandouribecastro.blogspot.com.co/
huribe@uao.edu.co

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