Comando Élite captura audiencia Reviewed by Momizat on . Por fin se sacudió RCN del dominio de CARACOL en términos de audiencia en lo que respecta a narco-novelas, un género cuyos enfoques y contenidos han suscitado s Por fin se sacudió RCN del dominio de CARACOL en términos de audiencia en lo que respecta a narco-novelas, un género cuyos enfoques y contenidos han suscitado s Rating: 0

Comando Élite captura audiencia

Por fin se sacudió RCN del dominio de CARACOL en términos de audiencia en lo que respecta a narco-novelas, un género cuyos enfoques y contenidos han suscitado sendas polémicas que para lo único que sirven es para subir el rating y plantear algunos debates en la burbuja académica. En Comando Élite el canal privado se la juega por rebautizar el género con un nombre compuesto, no tan mediático y mucho más pedagógico: Acción/Ficción histórica. Es decir, guiones construidos con base en hechos reales a los que se les incluyen elementos narrativos de la ficción para hacer la historia más atrayente. Nada nuevo, es lo que de alguna manera hace el Periodismo Literario que utiliza las herramientas de la literatura para contar. De ahí que hayan recurrido a las historias publicadas (Operativo 4) de plumas consagradas como Germán Castro Caicedo para basar sus relatos o a las reveladoras investigaciones de Alonso Sánchez Baute, autor de Al diablo la maldita primavera y Líbranos del bien, una biografía paralela de Jorge 40 y Simón Trinidad, para acercarse más al registro histórico.

80 capítulos de 60 minutos cada uno que se entregan por episodios y relatan desde la orilla policíaca la captura de ocho delincuentes clasificados en siete objetivos: Martin Sombra, Los Mellizos, El Paisa, Don Mario, El Armero, Cuchillo y El Mono Jojoy. Guerros, paracos, narcos, droga y violencia, adobados con algún drama sentimental, pasional o familiar, para no deshumanizar del todo el producto. Y seamos honestos, con el sesgo y la parcialidad propios de lo políticamente correcto. Al contarse desde el lado de “los buenos” no veremos chuzadas sino interceptaciones, no veremos a un infiltrado fusilando un “compañero” para acceder al grupo armado ilegal y comprobar fidelidad, no veremos torturas -ni más faltaba-, ni falsos indigentes de la policía que deben consumir droga, pelearse con sus iguales -incluso herirlos y matarlos- y comer porquerías, en suma, no veremos todo aquello que fundó la frase de que en la guerra y en el amor todo se vale y que tanto daño le ha hecho a Colombia.

Siempre quedarán secretos porque allí se fundamenta en buena parte el éxito de la guerra, en la infiltración, en la delación, en la traición, en el factor sorpresa. Ya lo dijo Zun Tzu (400 a.C. – 320 a.C.) “El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar”. Hace mucho la guerra dejó de ser un encuentro heroico entre dos bandos ubicados el uno al frente del otro. Si a ello se suma el cumplimiento del deber sin discusión, los rígidos códigos de honor, los archivos secretos, y en general, todo aquello que está por fuera de la ley y deben hacer quienes hacen parte de ella, el contexto de un conflicto no terminaría de contarse nunca pues la primera víctima de toda guerra es la verdad, lo pensó Herodoto y nos lo recordó Ryszard Kapuściński. Son las normas, el deber ser: las órdenes son para cumplirlas o la milicia se acaba. Bien sabemos que en todos los bandos hay infiltrados: guerrilleros en el ejército y militares en la guerrilla, policías en las bandas criminales y criminales en la policía. Eso sin contar que producto de una sociedad en conflicto y una economía de la guerra, hay personas que solo saben combatir y se convierten en mercenarios que sin ninguna ideología se enfilan del lado de quien mejor page. Y allí llegan con información y mañas, estrategias y resabios, formas convencionales y no convencionales de acceder a la verdad, que en la serie se limitan a destacar a la Policía Nacional.

La serie comenzó a emitirse hace tres meses en Mundo Fox e intentaba probar si no estaba agotado el tema con tanto Capo. Sus niveles de sintonía en la primera semana de emisiones en Colombia confirman que no solo no está agotado, sino que es posible hacerlo bien en términos audiovisuales y conceptuales. Es absurdo pretender ver “la realidad” en la pantalla si ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo en lo que es la realidad. Descartemos la filosófica y detengámonos en la realidad comprobable, lo que ocurre, lo que pasa: hostigamientos, ataques, tomas, seguimientos, operativos, capturas, muertos, heridos, desplazados, policías, soldados, etc. La televisión es un escenario de representación, de simbolismos, de puntos de vista, de ejercicios comerciales que siguen la línea de lo rentable, de lo efectivo, de lo que otorga ganancias. Aquí hubo inversión y habrá réditos. La triada de los Triana, Jorge Ali, Rodrigo y Verónica, como dicen los jóvenes, la está haciendo. El padre en la dirección,  en hijo en la co-dirección y la hija como parte del equipo de cinco guionistas. Entre los dos primeros suman más de una veintena de películas y series exitosas, algunas de ellas con el tema del conflicto atravesado. No puede ser que en términos políticos Colombia haya desconocido por mucho tiempo la existencia del conflicto armado interno, y que ahora, cuando los medios se han acercado a él para narrarlo, pretendamos que lo haga con la fidelidad que se le endilga al periodismo. Es ficción y lo advierte, está bien narrado en términos audiovisuales y define con claridad desde qué orilla se cuenta. Ahí está la diferencia, aunque siga la línea de la parcialidad.

Valido contar desde el ángulo de la institucionalidad, ya se ha contado desde el de los narcos, las prostitutas, los paramilitares y los guerrilleros (sin con ello decir que fueron ellos los promotores o realizadores), pero cuándo será ese cuando que se cuente desde el televidente, es decir, desde las víctimas. Será esperar mientras Comando Élite sigue capturando audiencia.

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