La playita: más caricatura Reviewed by Momizat on . Comenzó a emitirse el pasado lunes La Playita y por lo menos el primer capítulo no cumplió con el objetivo básico de enganche que tienen los estrenos: capturar Comenzó a emitirse el pasado lunes La Playita y por lo menos el primer capítulo no cumplió con el objetivo básico de enganche que tienen los estrenos: capturar Rating: 0

La playita: más caricatura

Comenzó a emitirse el pasado lunes La Playita y por lo menos el primer capítulo no cumplió con el objetivo básico de enganche que tienen los estrenos: capturar a la audiencia. 8 puntos de rating. Por lo regular en el capítulo inaugural la empresa televisiva echa la casa por la ventana y busca el impacto con un derroche económico que se percibe en la producción. Escenas en exteriores, varias e impactantes locaciones, distintas ciudades, países incluso, tomas aéreas, fotografía excelsa, extras por montones, montaje con espectacularidad y efectos especiales, si fuesen necesarios. Pero un falso y apocado Carnaval de Barranquilla, con un poco menos aceptable Centro Comercial en Bogotá, fueron los escenarios donde comenzó a desarrollarse una historia que vendieron con el éxito de una producción pasada: “De los mismos creadores de El man es Germán…”.

Valga antes de emitir cualquier juicio sobre las probabilidades de éxito de La Playita, que el de El man es Germán estuvo más dado por el personaje que por la producción. En el público caló este punketo inocente y sentimental, que también era una caricatura, pero logró llegarle a la teleaudiencia porque se trabajó a la inversa. La cautivó -y también a las empresas y entidades e instituciones que lo buscaron como figura publicitaria- porque ver a quien se autoproclamaba como un macho Alfa, regirse por principios y valores que le son contrarios al personaje que interpretaba, era algo diferente. Si la estrategia hubiera sido exagerar la actitud y personalidad de quienes con peinados y ropa estrafalaria, taches, cadenas y violencia, se convierten en temerarios actores sociales, la comedia no habría funcionado.

Pero en La Playita la caricatura refuerza y se fortalece con clichés amañados y la percepción centralista de Bogotá que todo lo que no sea capitalino lo ve como periferia y todo cuanto no ocurra en el norte de la sabana lo percibe como vulgar y populachero. El típico cachaco -demos por caso en Dr. Pardito de Don Chinche– está prácticamente extinto. Ya quedan apenas vestigios, unos pocos ancianos congelados en el tiempo, la moda y los principios moralistas determinados por los partidos políticos. De ahí que el arquetipo Costeño vs. Cachaco que puede aún operar para la capital, no opere en su totalidad para el resto de Colombia. La estrategia no es nueva y varias producciones han hecho acopio de esta rivalidad. La costeña y el cachaco, la más evidente, Dónde carajos está Umaña, la más increíble; Bazurto, bailando con el enemigo, las más reciente; y muchas otras (Chepe Fortuna, Oye Bonita, Rafael Orozco: el ídolo, Gallito Ramirez, Calamar y hasta Escalona, etc.) donde buena parte de la apuesta del melodrama fue dicha oposición.

Con unos personajes, claramente definidos eso sí, esta nueva producción de RCN no pasa de ser otra novela que en la misma línea de medianía de las anteriores termina por calificarse (o descalificarse) con un término tan peyorativo como acertado: “corroncha”. Con una exagerada acentuación de la jerga, con mucho color y mucho ruido, y con una particularidad adicional, la arremetida física en contra del protagonista como elemento humorístico. La maizena en la cara, la caída desde la tarima, el puñetazo, la caída del asiento, de una parte del techo. Falta el pastel en la cara y listo, los payasos. Acaso lo único diferente y rescatable sea el diseño gráfico (infografía) que tiene como eje la nevera -que es como muchos colombianos, costeños y de otros lugares, llaman a Bogotá- y cuya función primordial es operar como cortina entre las escenas. Una novedad tecnológica, nada más.

No va la televisión colombina por buen camino en términos de producciones de humor o de entretenimiento para la familia. No son buenas las alternativas para reemplazar pistolas y tetas, narcos y prostitutas, muertos y heridos. La Playita es una producción barata y pobre. Barata por los espacios, los libretos y las microhistorias; y pobre por las actuaciones, las escenografías y la historia central. Sobreactuaciones de lado y lado, de parte de los costeños y de los cachacos. Más de lo mismo, pero peor.

Sin un argumento que se soporte en el principio básico de los  guiones de la comedia, que hace reír a partir de los desenlaces más insólitos ante las cuestiones más cotidianas, La Playita lo ancla todo en la exageración, ese es su principal insumo. Muestra exageradamente una idiosincrasia costeña que se asume desde los cachacos como un cúmulo de defectos, pero hasta el momento no se percibe otra intención narrativa o audiovisual en el producto. El lugar de enunciación del humor es la ficción, es cierto, pero una propuesta audiovisual debe ser ante todo verosímil. Y La Playita es una pésima caricatura de un estereotipo televisivo desgatado. Nada allí es creíble. Bogotá debe atender que el país ha cambiado.

Si el poder y el tener se tragan al ser humano y al televisivo en las producciones violentas, la ordinariez y la ponderación hacen lo propio en las comedias y el humor, con mucha frecuencia y mayor intensidad.

Comentar

Universidad Autónoma de Occidente - COPYRIGHT ©. All rights reserved. Cali - Colombia 2014

Scroll to top